Vandals nace con la intención de ser un proyecto abierto sin una meta definida.
Una marca, un espacio en donde hablar sobre cultura urbana, underground y tendencias.
Un lugar donde mostrar un estilo de vida, una forma de pensar fresca y diferente.

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Playlist oficial en Spotify:

VANDALS™ a/c Miguel Seisdedos

Influencias de la cultura urbana moderna sobre el diseño gráfico.

Valladolid 2018

 

El papel sigue molando,
mira el diseño entero aquí.

Un análisis a través de la cultura underground y la sociedad.

El trap en España es la música de la crisis pero no es la música que quisiera ni la izquierda ni la derecha convencionales. No es una música reivindicativa, que llame a la organización social, que busque la captación de voto para un partido concreto o que alabe el sacrificio colectivo. Es una música que funciona como un mecanismo de evasión de una parte de la sociedad que se ha visto excluida. Los medios más asentados intentan abarcar y etiquetar el género para poder traducirlo al resto de la sociedad que observan entre asustados y extrañados. Así tenemos titulares como el de la Vanguardia: “El trap, el rap de los ninis” que resulta excesivo.

 

La clave es que encontramos dos tendencias políticas que no se pueden homologar a la derecha ni a la izquierda dentro de la escena trap. Por un lado estaría una cierta aspiración a una riqueza despolitizada, como podríamos encontrar en artistas como Dellafuente o C.Tangana. Artistas que buscan venderse a las marcas y generar dinero de un estilo musical que no está profesionalizado. Buscar lo que sería el salto de Youtube a Sony, del underground a las discográficas, las radios, los premios… Conquistar el mainstream.

“Si vas a ser una puta del sistema,

mejor ser la más pagada”

— C.Tangana

La otra, en cambio, sería huir de la comercialización, ser independiente o al menos creerte que lo eres. Pero lo que ocurre aquí es que nunca se es del todo independiente puesto que Youtube es a la vez lanzadera y la mayor de las marcas.

Si no se puede ser independiente, puesto que en última instancia no lo eres nunca y tampoco se pretende ser un vendido a las marcas, ¿qué es lo que nos quedaría? ¿el sector público? Pues no porque desvirtúa cualquier concepto que el trap pueda tener. En este sector siempre se tenderá a temas que hablen por el bien de la ciudadanía en contraposición a la actitud y esencia lo que el trap pretende comunicar. Es decir, se conciencia más a la juventud de tener relaciones sexuales con protección si corre un bulo de que Yung Beef tiene sida, que si un grupo del género hace una canción intentando influir positivamente sobre este tema.

Sea como fuere, el hecho es que en el año 2018 el trap como etiqueta está muriendo. Y lo está haciendo no por la masificación sino por la evolución del propio sonido. Los medios, los fans y los artistas forman parte de una rueda que es el paso del tiempo y está en constante cambio. Solo la superposición, experimentación y transformación del propio sonido ha erosionado y dará muerte a la etiqueta. En Estados Unidos tenemos un ejemplo claro con la evolución de Gucci Mane y compañía a artistas como Drake. Drake precisamente consiste en la reapropiación canadiense de la escena de Atlanta y su conversión a un fenómeno mainstream que bascula entre otros estilos como el R&B.

 

¿Y qué será lo que venga justamente después del trap? Este problema se lo plantea Young Vibez en su artículo “En defensa del lujo”. La predicción que se ofrece en este post es que después de este elogio sin concesiones a internet y a la electrónica en general, en 2020 nos encontraremos ante un neohippismo a una especie de folklore, lo que podríamos calificar como “el retorno de los ukeleles”.

Young Vibez hace una reflexión sobre esta nueva ola y pide que entre las cosas que se rechacen inevitablemente por parte de la nueva generación no esté el lujo. El trap no lo rechazaba pero ha sido criticado por la izquierda paleomarxista como el Nega de Los Chikos del Maíz.  Frente a esto, el periodista escribe que el consumismo lejos de ser una entrega a la crítica del sistema, tiene un componente revolucionario o más bien, aceleracionista. La mayor parte de las cosas que hoy damos por sentadas, como pueda ser el ordenador, la propia luz o el agua embotellada, no hace mucho que fueron lujos.

El consumo del lujo lejos de ser una conducta retrógrada hace avanzar al sistema productivo. Trabajadores que reivindican el lujo, es decir, que no se conforman con el tipo de ropa que pueden llevar sino con el que les gustaría llevar son trabajadores que reclaman salarios más altos y que por lo tanto se ven incentivados a organizarse sindicalmente.

“Vicios privados,virtudes públicas”

— Adam Smith

Para terminar añade: “El consumismo no equivale a una feliz aceptación del sistema capitalista sino que, como ilustra Adorno con su ejemplo de la dependienta que va al cine, a menudo es una forma de expresar descontento: la dependienta no va al cine pensando que lo que ocurre en la película le va a pasar a ella, sino porque sólo en el cine puede reconocer que a ella nunca le pasarán esas cosas. [...] Que un montón de “ninis”, como los describía La Vanguardia, exijan marcas de lujo no es un acto de sumisión sino de rebeldía. Por haber nacido pobre no tienes que estar encantado con tus zapatillas de mierda, sino que debes exigir unas puñeteras Yeezys de $1000 si te apetece: la exigencia del lujo es una exigencia de abundancia, es una negación de la economía basada en la escasez y simboliza un imaginario de riqueza accesible a todos.”

 

¡Cuéntame cosas bonitas!

VANDALS™ a/c Miguel Seisdedos

Influencias de la cultura urbana moderna sobre el diseño gráfico.

Valladolid 2018